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Nuestro Musical

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Como ocurre con los musicales más famosos, muchos conocemos sus temas mas célebres y pegadizos y seríamos capaces de tararearlos aunque nunca los hayamos escuchado en un teatro.

La Zarzuela ha estado desde siempre entre nosotros y hoy vive una profunda renovación gracias a nuevos creadores que se acercan a ella para devolverle una actualidad que nunca debió perder. La Zarzuela ha estado desde siempre entre nosotros y hoy vive una profunda renovación gracias a nuevos creadores que se acercan a ella para devolverle una actualidad que nunca debió perder.

Esta cuidada recopilación en 3 CDs te invita a descubrirla por primera vez o a volver a disfrutar de nuevo de los pasajes más brillantes de su larga historia.

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Frases de las zarzuelas

Aurorilla la Beltrana,
soberana del bolero,
ni se rinde por zalemas
ni se vende por dinero.Soy madrileña (pasacalle )

25 duros si acertáis quién es.
Serafín el pinturero
Donde hay vino y hay mujeres el primero, el primero!
Por donde quiera que voy to pá mí
Tres jolínEl duo de serafín y Melquíades

Soy más chula que mi abuela y hay que ver lo que ella ha sido
Este monumento de donde será
Soy de los 4 caminos el barrio lo mejor de los madriles donde está la flor y nata pues tenemos autobuses y hasta un metropolitano y tenemos rascacielos como los americanos.
Y no me mires de esa manera que vas a ser mi perdiciónLa Chula de Pontevedra

Vaya una jaca y yo entonces le dije como mucha sorna para jaca tu madre que es
percherona.
Que no se traspasan los corazones que son felicesComo soy chulapona

La Zarzuela, parte de nosotros

En la zarzuela –como en el ‘singspiel’ y en la ‘opéra comique’ francesa– no caben historias de dioses en el Olimpo, ni walkirias enar- decidas, faraones cantando junto a las pirámides ni buques errantes por toda la eternidad. La zarzuela cuenta historias más cotidianas que son cantadas con una música más terrenal, más fácil de asimi- lar y de recordar. Pero no menos hermosa. De ahí su éxito: en el siglo XIX, antes de que existieran las grabaciones, Arrieta, Barbieri, Checa, Bretón, Chapí y tantos otros conseguían que algunos de los temas de sus zarzuelas alcanzaran una enorme popularidad en la calle. No solo sucedía en España, sino que el fenómeno se repetía con el repertorio local en Latinoamérica, seguramente con Cuba como mejor ejemplo. Un milagro que no parece haber estado al alcance de compositores operísticos de otros países europeos, quizá con la excepción de Italia.

Esa cotidianidad de los temas, con sus referencias a personajes este- reotipados, y la facilidad de las melodías hicieron posible su éxito y al mismo tiempo fueron una de las razones de una cierta decaden- cia a partir de los años setenta del siglo pasado.

Paradójicamente, en un momento en que grandes intérpretes de fama mundial grababan o habían grabado los mejores títulos del repertorio (Teresa Berganza, Plácido Domingo, Montserrat Caballé, Alfredo Kraus, etc.) dirigidos por figuras del carisma y el talento de Ataulfo Argenta y Rafael Frühbeck de Burgos, entre otros, la zar- zuela era apartada del canon cultural. ¿La razón? Estaba asociada a una España en la que pocos líderes políticos, culturales y sociales se reconocían.

Poco a poco, las funciones se redujeron y solo giraban por España espectáculos como la ‘Antología de la Zarzuela’, organizada por José Tamayo como si fuera un ‘crossover’ escénico. Las élites culturales se decantaban por la ópera y el público de la zarzuela envejecía. Ha- blar de Chapí daba menos prestigio que debatir acerca de Puccini, y Sorozabal no parecía poder compararse con Gershwin. Por no entrar en los libretos, tantas veces denigrados, como si muchos de los que sostienen obras maestras de la ópera no fuesen también de una singular pobreza literaria.

Pero todo eso ha cambiado. Y han sido los jóvenes quienes han obrado la transformación. La tarea realizada en los últimos años por el Teatro de la Zarzuela, ‘rejuveneciendo’ escenografías y convirtiendo los argumentos en una realidad muy cercana ha sido enorme. Y el resultado es que la zarzuela vuelve a interesar más allá de Madrid, Bilbao, Zaragoza y algunas otras ciudades donde la llama se mantuvo siempre encendida.

Seguramente el auge de los musicales ha tenido mucho que ver con este renacimiento. Porque, en el fondo, un musical está mucho más cerca en todos sus planteamientos de la zarzuela que de la ópera.

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